Holiday lies

15 04 2010

Las personas son como son. Ni más, ni menos. Se habla mucho de la falsedad, de mantener un papel de cara a la galería. Pero eso no son más que mentiras. Un teatro. En su ser, los humanos son lo que son. No se puede pretender ser simplemente otra persona porque lo quiera alguien.

Los cambios tienen que ser naturales. No obligados, ni siquiera voluntarios. Eso puede funcionar un tiempo, pero el verdadero ser vuelve fuera tarde o temprano. Los que te rodean tienen que aceptarte y quererte por lo que eres, no por lo que podrías llegar a ser. No por tu potencial.

En definitiva, se acabaron las vacaciones.

Holiday truths.





On the road to home

15 03 2010

La mañana siguiente me desperté en la estación de Cheyenne. Tenía un fuerte dolor de cabeza y Montana Slim había desaparecido. A Montana, supongo. Tampoco me importaba. Lo que quería, lo que necesitaba era lanzarme de nuevo a la ardiente carretera y alcanzar pronto Nueva York.  Necesitaba descansar de Dean y sus locuras. El viejo Dean Moriarty.

Me subí en el primer autobús que se dirigiera a mi añorado Este. Me senté junto a una chica morena que no apartó la mirada de la suciedad del suelo mientras me dejaba pasar al asiento de la ventanilla. Al poco rato dormitaba  profundamente. Yo me puse a leer un libro que había robado en Frisco. Confiaba en engañar al hambre que me atenazaba el estómago aunque tampoco tenía muchas esperanzas. Al rato, ignoré el libro y disfrute del árido paisaje que poco a poco íbamos abandonando. Increíble.

– ¿Quién es? – escuché a mi lado. La morena se había despertado y señalaba mi regazo. Me di cuenta de que había dejado el libro abierto sobre mis rodillas, con la foto que utilizaba de marcapáginas a plena vista.

Era una vieja fotografía en la que aparecíamos Lucille y yo. Había sido sacada en invierno, quizá por Carlo Marx o Remi Boncoeur, en uno de esos mágicos días de nieve de Nueva York. Lucille estaba preciosa con su gorro de lana.

Estaba pensando en esas cosas, en esos tiempos, cuando recordé la pregunta de la chica de al lado.

– Una antigua novía de Nueva York.

– ¿Vas a verla?

– No creo que tenga ninguna gana de verme.

– Entonces te dejó ella, ¿no? Los hombres podéis ser realmente sentimentales – cerró los ojos un momento y suspiró. – y realmente estúpidos.

No me atreví a replicarle. Tras unos segundos, se sentó cómodamente (todo lo cómodamente que se podía sentar alguien esos asientos desvencijados) y me miró.

– Vamos, Paradise, cuéntame tus excusas.

Me pregunté como podía saber mi nombre. Pronto recordé que lo llevaba bordado en mi viejo macuto militar. Las precauciones de mi tía me habían costado más de una broma en el frente.

Le hablé de mis aventuras en el Oeste. De las locuras de Dean, el ángel pordiosero, de nuestras conversaciones aliñadas con whiskey, de la puta de Marylou y de como me la había jugado en Frisco, de Ed Dunkel y Gallatea, la extraña pareja…  Hablé tanto que los demás pasajeros me empezaron a regalar miradas de odio ya que les impedía dormir. Finalmente, con un hilo de voz, le hablé de la chica de la foto, de Lucille. De lo extraño que se había vuelto todo.

De pronto me di cuenta de que no había cerrado la boca durante hora y me callé. Ella asintió y se dio la vuelta.

– Abrázame.

Le pasé el brazo por la cintura y me acerqué a ella. No había nada sexual o sentimental en esa situación. Simplemente tenía frío.

-Eres idiota – susurró justo antes de dormirse de nuevo. Yo permanecí despierto y sin moverme. Me encantaba como olía su pelo. Se despertó unos kilómetros antes de que el cansado conductor anunciase su parada. Ninguno de los dos dijo nada, no queríamos estropear el momento.

-Paradise, espero que encuentres lo que estás buscando. Cuídate.

Respondí con una sonrisa triste mientras ella se ponía su abrigo largo. Bajó al andén y echó a andar sin mirar ni un segundo atrás. Me percaté de que ni siquiera me había dicho su nombre mientras que ella conocía toda mi vida. Era un fantasma. Un enigma. ¿La conciencia en si misma?

Finalmente, me dormí. Y, horas más tarde, cuando las luces de Nueva York me despertaron, me sentí totalemente triste. Entonces, fue cuando comprendí que lo importante del viaje no es el destino, si no el trayecto.

Jack Kerouac, Mentiras y olvidos.





Parlotear

18 01 2010

Un buen día descubres que ese alguien del otro lado que llevas leyendo desde hace más de año te ha quitado el follow. Al principio, te indignas. Piensas: “Que bajo he caido, hasta los desechos sociales me ignoran”. Pero a los 5 minutos… te la pela.

Eso es Twitter.





Snow City

14 01 2010

Ahora que la nieve va desapareciendo la nieve de las calles de Oviedo, se me ha ocurrido colgar las fotos que saqué el domingo con JD. Un corto paseo y alguna que otra instantánea que merece la pena. Saludos, navegantes.

Snow City

@jotade2





Lo peor de 2009

4 01 2010

Si hubiera una palabra para definir el año que dejamos atras, ésta sería desastre. El año de la crisis, del record en el número de número de parados, del déficit por las nubes, del Gobierno dando palos de ciego, de los secuestros marítimos… pero sobre todo ha sido el año de Sálvame. Nunca la debacle había tenido un sinónimo tan terrible.

La cadena que comanda la telebasura se enfrentaba a un gran dilema a principios de año. ¿Cómo volver a ser líderes de audencia por la tarde? El experimento de Está Pasando, mal plagio de España Directo, había fracasado a pesar de incluir la temática social que se había puesto de moda en aquellos días, pero sin olvidar la burla y la falta de respeto de la prensa rosa. Entonces, ¿qué hacer?

La reaparición de Jorge Javier Vázquez a cargo de un programa de sobremesa fue la luz al final del túnel que necesitaban en los despachos de Telecinco. La respuesta de la adormecida sociedad española no se hizo esperar. Nunca la chabacanería y el mal gusto habían llegado a cotas tan altas. Ahora mismo, Aquí hay tomate me parece un programa de calidad. La mezcla de colaboradores con nulas nociones de periodismo, agresiones entre colaboradores (obteniendo beneficio de ello, por supuesto), disputas con personajes públicos en pleno directo y la presencia de Belén Esteban y su tabique carcomido no podía fallar. Y así fue, el éxito del año.

Y llegamos a la Campanadas, donde tuve que soportar a nuestros dos protagonistas haciendo lo que mejor saben. Nunca había sentido tanta verguenza de mi propia familia al ver sus corderiles ojos puestos en la pantalla, hablando de la rubia como si fuera de la familia. Una prima lejana de la que estar orgullosos.

Y antes de cortar la emisión, la musiquita de Sálvame, para recordarnos que 2010 será aún peor, que las polémicas se harán cada vez mayores y que la inteligencia encogerá como el algodón en la lavadora. Oh, por favor, sálvame.





2009

31 12 2009

Casi un mes más tarde de mi último paso por aquí, me veo en la obligación de despedirme del año por todo lo alto. Dejo muchas cosas en el tintero, lo sé. En el 2008 hice unas reseñas al disco y película del año. Además, desde verano no hago ningún comentario de los libros que he leído. Quizá el año que viene tenga más tiempo.

2009. 2009. 2009, otro año que se va. Podría hacer un resumen de lo que ha sido estos 365 días, comentar si he cumplido con mis própositos del año, hablar de experiencias y demás. Pero la verdad es que me quedo con lo básico, soy feliz. He conocido gente nueva, me he conocido mejor a mi mismo y me he definido como soltero. En definitiva lo he pasado bien.

¿Y lo que queda? Pues seguir haciendo feliz a Irene, dure lo que dure. Porque cada día que recibo una sonrisa suya, es un día que le he robado al destino.

Nos vemos el año que viene.





Momento

6 12 2009

¿Por qué definir un amor por la cantidad de días, meses o años que tiene de antigüedad? ¿No sería más importante tener presente la dimensión del mismo?

Pedirle fuego a una chica solitaria, con miedo por no saber quién eres. Un beso robado en un andén puede ser la guinda perfecta a una tarde increíble. Una sonrisa ladeada tras un cruce de miradas que se esfuma al instante.

A veces un breve encuentro es más importante que toda una vida juntos. Un encuentro que le da sentido a todo.

Así que, ¿por qué contar los segundos pudiendo deslizarse a través de ellos y ser feliz?