Roto

4 06 2008

¿Qué hacer cuando el modo de vida que has elegido y con el que has formado una imagen de ti mismo, un papel, que incluso tú mismo te crees, se desmorona ante tus ojos?

¿Qué pasa cuando descubres que, a pesar de todos tus esfuerzos por mantener seguro tu corazón, eres vulnerable, que pasa cuando descubres que eres humano?

Creé una doctrina a la que ceñirme, una serie de directrices a las que agarrarme en los malos momentos, una manera de protegerme y mantenerme alejado del mundo que nos rodea. Ese mundo que con sólo su aliento es capaz de intoxicar al más puro de nosotros.

Al final ha resultado que me he fallado a mi mismo. No por ignorar mis propias enseñanzas, en ese aspecto he cumplido. Pero mi coraza ha fallado, no por el exterior, tan imperturbable y resistente como el primer día, pero si en el interior. El enemigo lo llevaba oculto, expulsando ácido, corroyéndome por dentro.

He respetado los puntos básicos, no he confiado en nadie, no me he mostrado débil, no me he dejado ver como soy en realidad, he mantenido una distancia de seguridad, siendo silencioso para no centrar la atención en mí, siendo antipático para crear una mala impresión y no despertar simpatía.

Pero detrás de esta máscara de prepotencia y superioridad, sólo había otro humano más, tan estúpido y vacuo como cualquier otro. ¿Y qué ha pasado? Me he encariñado con una serie de personas, he llegado a apreciarlas y ahora, por actos involuntarios, siento que me duele por dentro, me siento podrido. La armadura, la línea, cómo quieras llamarlo, ha demostrado ser inútil en su función primordial.

Sólo soy un humano más, un hombre que erra. Estoy roto, estoy atrapado.

¿Qué hacer ahora? ¿Aprender de mis errores y reforzar mis protecciones? ¿Renunciar a ellas?

¿Aceptar quién soy en realidad? O, siendo más correctos, ¿descubrir quién soy en realidad?

En definitiva, he sido otro, aunque viendo como ha terminado todo, quizás ese otro no sea otro que yo mismo y ni me he dado cuenta. No intentéis entenderlo, os dolería la cabeza.

Y para terminar, como me dijo hace poco una persona bastante mas sabia que yo: “Ser humano no es sentir, sino expresar”.