En sentido contrario

23 11 2009

Hace mucho tiempo, una eternidad si intento recordarlo me di cuenta de lo estúpido que era vivir tras una armadura que yo creía perfecta, sin un mínimo rasguño por donde entrase el dolor. Un día como cualquier otro, sucedió algo que no era lo previsto. Y ese dolor penetrante que todos hemos sentido en el pecho me mostró la verdad respecto a mi refugio, mi oxidada armadura.

Desde entonces decidí mostrarme tal como era y esperar los golpes sin miedo, puesto que el alma se curte a golpes y eso nadie puede cambiarlo ni evitarlo. Lo que yo no sabía es que con el paso de los días comenzaba un papel inconsciente, aportando a la gente exactamente lo que necesitaba en cada momento. Siendo exactamente lo que necesitaba cada persona para que no surgiese la posibilidad de apartarme de su lado.

Y cuando basas una vida en la actuación se suele confundir la línea recta que divide la verdad de la sensación.

Realmente es mi purgatorio, un recordatorio del Karma por ser tan gilipollas. Poco importa si estoy realmente interesado, pero me encuentro diciéndole lo guapa que está esa noche. Porque es cierto, todas las mujeres lo son. Siempre hay algo que hace que me olvide de todo, una sonrisa, una curva, un misterio… Entonces, le digo que me he enamorado y sigo sin mentir, no hay mujer que se haya cruzado en mi camino y de la que no me haya quedado prendado.

Pero llega la mañana siguiente, la resaca, la comprensión de que no estoy disponible para nadie, que todo era parte del engaño embotellado de la noche. Ella ya no está. Otra carretera no tomada que deja angustia y pena a partes iguales.

Pero no os preocupéis por estas palabras de desaliento, dentro de 30 segundos volverá el simpático mordaz de siempre, con el tembleque en las manos y la sonrisa en la cara y os preguntareis donde empieza el papel y termina la realidad. ¿Qué es cierto y qué es falso?

Y la vida sigue, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.

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